Hace muchos años ya, y tal vez por eso recuerdo, aunque lejanos, mis momentos de lectura en la niñez y adolescencia, como los más gratos. No necesariamente fueron momentos solo míos, mi lectura era compartida con mi padre, y en especial, con mi hermana menor, con la que compartíamos libros, y más de una vez también problemas a causa de ellos.
Ahora, como maestra y mi hermana, maestra también, coincidimos recordando los plácidos momentos de lectura de aquellos años, y nos sorprendemos al ver que por más esfuerzo que hacemos no logramos que nuestro alumnos se apeguen a la lectura como nosotros lo hicimos.
Cada vez es más frecuente encontrar niños con dificultades de lectura, tanto a nivel oral (fluidez, entonación, vocalización, intensidad) como a nivel comprensivo (textual, inferencial, crítico-valorativo). No en vano, los resultados de evaluaciones internacionales arrojan resultados insatisfactorios para la mayoría de países de la región.
Como maestra y psicóloga, recibo niños con problemas de lectura, y padres que tardíamente comprenden la dificultad. Los primeros no sólo presentan bajo desempeño académico, sino ven disminuida su autoestima puesto que en los círculos de lectura, lecturas guiadas y el sinnúmero de estrategias que utilizan sus maestros ya no quieren participar, o lo hacen desmotivados. Los segundos, por su parte, se muestran preocupados por la dificultad de sus niños, pero peor aún, frustrados por no saber cómo afrontar la dificultad ni como apoyar a sus hijos para superarla.
Espero a través de este blog compartir mis conocimientos, más bien prácticos (teorías tienen muchas en la Red) construidos a través del trabajo con niños con estas dificultades, para compartir con maestros y padres de familia algunas pautas que permitan elevar las habilidades de lectura para conseguir una mejor comprensión de los textos escritos.
Estaré por aquí, con novedades, y cuando quieran, también para darles ideas sobre los problemas específicos que presentes sus niños, sean éstos sus hijos o sus alumnos.
ELe